(Mi papá me cuenta que no ha podido hacer funcionar su scanner para poner mis fotos, pero que un día de estos ... sus palabras favoritas)
Yo estoy bien, aunque todavía bastante confuso. Antes el tiempo era para mí un concepto vago e impreciso y todo parecía revolverse a mi alrededor con una sensación de eternidad. Sin embargo desde que nací el tiempo se ha vuelto imprescindible para mí. Las horas vuelan y aunque me dejan su huella, pronto se transforman en días que pasan por mi lado sin darme tiempo a comprender la perseverancia del tiempo.
Ahora tengo ya seis meses de edad. "Estás grandote", me dice mi papá. Y la voz de mi mamá me cuenta y me canta historias de amor. Yo todavía no acabo de acostumbrarme a los colores, ni a la diversidad de los sonidos, ni al roce de mi propia piel, y sin embargo este mundo cada momento me llena de sorpresas admirables.
El brillo del sol no deja de asombrarme. Me gusta mirar a las ventanas abiertas y a los ojos de mis padres. Parece que por allí podré descubrir el resto del universo. Cuando salimos de paseo, miro a la gente y le regalo una sonrisa. A veces alguien me corresponde.
Aunque me gusta estar con mis padres, me gusta también el silencio. Disfruto de los sonido leves, musicales, como la voz de mi mamá. Pero también me agrada la voz profunda y a veces triste de mi papá. Me gusta volar entre sus brazos.
No conozco a mucha gente, todavía, pero segun dice mi mamá hay mucha gente que me ama en el Ecuador y en los Estados Unidos. No estoy seguro sobre qué es el amor, pero debe ser algo parecido a la alegría que siento cuando miro el rostro de mi madre al despertarme temprano en la mañana. O cuando después de tanto insistir consigo que mi papá abra sus ojos cansados, "a las nueve de la madrugada", como él dice.
El mundo gira alrededor de mi boca. Si bien me gusta mirar y escuchar a mi alrededor, mi boca es el centro del mundo. Por allí entra la vida y se derrama en mi interior con una fuerza, a veces, insostenible. Si no que lo cuenten mis pañales. Además estoy descubriendo la forma de mis manos y el sabor de mis dedos. Me gusta tocar lo que miro y si es posible llevármelo a mi boca. A mi boca, por supuesto, que dirige el resto de mis actividades.
Me despido otra vez. Este "duro oficio" de la escritura, como lo llama mi padre, me deja exhausto después de unos pocos párrafos. Chao y no se olviden de visitarme nuevamente, cuando cumpla un año, si es que a mi papá le dan ganas de ayudarme y copiar lo que le dicto secretamente en las tantas malas noches que pasa por mi culpa.
Un beso y un abrazo;
Brandon Antonio Andrade
(Al cumplir un año ... siga la flecha
)