Sí, ya sé que es un nombre un poco largo (un total de 39 letras y espacios), pero con un poco de práctica se lo puede decir de un solo golpe, sin respirar.
Yo nací el sábado 24 de agosto de 1996. Era ya la madrugada de ese día de por sí extraordinario. Hace solo unas pocas horas yo vivía en mi mundo solitario, silencioso y tranquilo, sin hacerle daño a nadie. Sin embargo, de pronto unos movimientos extraños a mi alrededor me informaban que algo no andaba bien y empecé a sentir una extraña urgencia por salir de mi pequeño espacio, tan mío por tanto tiempo. Dicen que fueron nueve meses, yo no lo sé porque en ese entonces, el tiempo no tenía sentido para mí.
Tras varias horas de empujones y apretadas empecé a deslizarme hacia algo desconocido. Era muy difícil cruzar esa línea que separaba mi espacio íntimo del mundo al que era empujado en contra de mi voluntad. Algo dentro de mí me impedía resistirme y de a poco me dejé vencer. En medio de esa locura sentí algo que tocaba mi cabeza. Era una sensación nunca antes sentida. Para entonces ya había perdido la voluntad de luchar y me dejé salir ayudado por una mano tibia.
Después de unos minutos me pusieron en los brazos de una mujer a la que nunca había visto, sin embargo su voz me resultaba muy familiar. A lo mejor la había escuchado en alguno de mis sueños. Ella me abrazaba con emoción y alegría. Más tarde supe que ella era mi mamá.
De inmediato escuché otra voz cuyo sonido me había llegado antes desde lejos. Después me enteré que era mi papá. Yo para entonces ya había dejado de llorar y miraba a mi alrededor sin acabar de comprender lo que había pasado con mi mundo de antes, tan pequeño, oscuro y silencioso. Ahora miraba luces tenues y sonidos muy suaves. Todo era extraño para mí, pero cuando mis padres se abrazaron yo me sentía seguro en el medio de ellos. Estas sensaciones eran todas nuevas y se sucedían rápidamente sin darme tiempo a tratar de entender.
Unos minutos más tarde me pusieron en los brazos de mi padre. Yo lo miraba con mucha curiosidad. En sus ojos podía reconocer una alegría contagiosa. Me decía muchas cosas que aunque yo no comprendía sonaban muy bonitas. Me llamaba "Brandon, negrito, precioso". Ahora entiendo que Brandon es mi nombre y mi papá me llama "Negrito" con cariño. El me contaba los segundos y los minutos que recién entonces tenían sentido para mí. "Tal vez nunca lo comprendas", me dijo, "pero cuando naciste del vientre de tu madre, te metiste dentro de mí. Te apoderaste de mi corazón y de cada uno de mis sentidos. Te adueñaste de cada rincón de mi soledad, de cada libro que leo y de cada paso que doy. Ahora eres el sueño de mis noches y el pan de cada uno de mis días".
Estuvimos conversando por casi una hora. Mis ojos eran mis palabras y su voz era la luz que iluminaba mis primeros pasos en este mundo cada vez menos adverso. Finalmente nos caímos dormidos los dos. Yo en sus brazos, él en la intensidad de sus sentimientos. Eran como las seis de la mañana y a veces, cuando abría mis ojos en medio de mi cansancio, miraba luces desconocidas y brillantes. Mi padre me contó más tarde que ese era el Sol, el creador de la naturaleza.
Ahora llevo una semana de existencia. Mis padres me cuentan las horas y los días. Ya reconozco la voz, el rostro y la piel de mi madre. Ella es mi único sustento, el hilo que me sostiene en esta vida. Yo sé que ella a veces se preocupa porque no como lo suficiente o duermo mas de la cuenta, y ella sabe que yo a veces no estoy muy cómodo, pero de a poco nos vamos entendiendo y formando un lazo muy fuerte como la vida misma.
Ahora esta vida es parte de mí de una manera diferente, menos sola, y yo soy parte de ella, de una forma única e infinita. Esta vida ahora es mía y aunque apenas he empezado a entenderla y tal vez nunca acabe de comprenderla del todo, ya he comenzado a amarla.
(Al cumplir mis seis primeros meses de vida ... siga la flecha
)
¿Quisiera comunicarse conmigo a través de mis padres?
Dirección electrónica: jorgea@bigfoot.com